Ayer celebramos en nuestro colegio el Día de Carnaval de una forma muy especial. Desde primera hora de la mañana, algo extraordinario parecía haber sucedido en Villanueva de Bogas…
Durante la noche, un meteorito de luz dorada había atravesado la atmósfera y, en lugar de causar un gran estruendo, había aterrizado silenciosamente en el corazón de nuestro colegio. Al tocar tierra, se fragmentó en miles de pequeñas partículas de energía que nos transformaron. Ya no éramos solo personas: nos habíamos convertido en elementos del universo.
Estrellas, planetas, soles o galaxias recorrieron nuestros pasillos, pero todos compartíamos algo en común: un destello amarillo y dorado que el meteorito nos había contagiado.
¿Y sabéis por qué había caído precisamente aquí y ahora? Porque desde la Asociación Afanion nos habían enviado un mensaje urgente a través de las ondas espaciales para recordarnos que el 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil. Nos propusieron un reto: que nuestra transformación en seres del universo sirviera para iluminar el camino de los niños y adolescentes que luchan con valentía contra esta enfermedad.
Por eso, llevábamos el color oro. Porque somos su ejército de luz, su constelación de apoyo.
Villanueva de Bogas dejó de ser por un día un pueblo normal para convertirse en el centro de la galaxia. Cada aprendizaje sobre el espacio se transformó en un homenaje a esos pequeños héroes que cada día nos dan una lección de valentía.
Así, con nuestros detalles dorados ajustados y los motores preparados para el despegue, dimos comienzo a nuestra misión solidaria.
Porque cuando brillamos juntos, nuestra luz llega mucho más lejos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario